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Rutas

Todo un mundo de historia y leyendas

Bilbao en 1, 2 y 3 días

Bilbao y sus habitantes esperan a los viajeros y viajeras con los brazos abiertos. La ciudad ofrece una gran cantidad de atractivos para hacer que las visitas a sus calles, a sus plazas, a su Ría, sean una experiencia inolvidable.

Desde las estrechas calles del Casco Viejo hasta la Gran Vía y el Nuevo Bilbao hay todo un mundo de historia y leyendas que hicieron del pequeño puerto nacido a orillas de la Ría un referente mundial.

Sumergirse en su vida requiere tiempo. Uno, dos o tres días no son nunca suficientes para conocer Bilbao a fondo, pero sí para llevarse una idea de esta ciudad y para pensar que hay que volver a este rincón del corazón del mundo.

Bilbao en 1 día

El Casco Viejo, el Ensanche y el Guggenheim son tres de los grandes hitos que hay que visitar en esta ciudad. Bilbao guarda incontables tesoros entre sus calles, y vamos a intentar conocer algunos de ellos caminando por su centro histórico, degustando algún pintxo, entrando en sus innumerables negocios o reposando una buena comida en un café.

Comenzamos nuestro día en el Teatro Arriaga, cuya fachada nos habla de una época de riqueza sin par en Bizkaia. Por la calle Bidebarrieta entramos en el centro histórico, en el Casco Viejo. Desde su fundación Bilbao es el gran centro comercial de Bizkaia, su referente, y estas estrechas calles nunca dejaron de ser el buque insignia de la vida comercial.

La Biblioteca Municipal, antiguo Palacio de las Libertades, nos muestra el camino hacia la Catedral y la Plaza de Santiago, hacia el centro del Casco Viejo. Entrar en la catedral es entrar en otro tiempo. Sus tres puertas nos hablan de distintas épocas: la principal del Bilbao del siglo XIX, neogótica, que supuso el remate definitivo del templo; la del Ángel, al otro lado de la catedral, que bien merece una visita, camino de peregrinos hacia Santiago de Compostela, y la del pórtico, del medioevo, gótica en su pureza, por la que saldremos y nos internamos por las conocidas como «Siete Calles»: Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena. Aquí nace Bilbao. Paseamos y Las Siete Calles nos llevan a la Ribera que nos asoma a la Ría. Sobre el río Ibaizabal una pasarela peatonal, el Puente de la Ribera, que cruzamos para entrar en otro Bilbao, Bilbao la Vieja, tan viejo como el Casco Viejo, pero con otra historia y otras gentes.

Sin dejar la Ría, por el Muelle de Marzana, admiramos el Mercado de la Ribera y la iglesia de San Antón, que guarda la Villa y el puente. Atravesamos la Ría para volver al Casco Viejo. A un lado la proa de Bilbao, la iglesia de San Antón, hecha piedra y al otro lado el barrio de Atxuri. Por la calle Ronda aún podemos apreciar tramos de la muralla; hasta el Portal de Zamudio. La iglesia de los Santos Juanes, la Plaza Miguel de Unamuno, con sus Calzadas de Mallona que parecen subir al cielo, y por último la calle Sombrerería que nos introduce en la Plaza Nueva.

La Plaza Nueva es un buen lugar para descansar y ver pasar la vida, ver pasar Bilbao. Bajo sus arcos, tiendas y bares se mezclan ante la  de Euskaltzaindia, Real Academia de la Lengua Vasca, para dar carácter a esta plaza. Un reloj y el escudo del Señorío indican la antigua sede de la Diputación. Por el arco de la calle Correo nos sumergimos de nuevo en plena vorágine comercial para llegar al Arenal, jardines que son el corazón verde de la ciudad histórica y que invitan a asomarse a la Ría, a disfrutar de sus paseos y fuentes. Al fondo, el Ayuntamiento que mira hacia el Ensanche de Bilbao.
 
Cruzamos el Puente del Ayuntamiento hacia la Plaza Venezuela, sin perder de vista la estatua del libertador, Simón Bolívar. Nos acompañan grandes edificios eclécticos por la calle Buenos Aires y Colón de Larreátegui hasta los Jardines de Albia donde pararse es obligado. Cualquier esquina de Bilbao invita a comer, cualquier hora es buena para hacerlo, y el Ensanche es muy buen lugar para disfrutar de una cocina que en Bilbao es arte.
 
Ya por la tarde cogemos la Alameda Mazarredo atravesamos Ledesma y sus bares para llegar a la Gran Vía, arteria comercial de la ciudad. El Palacio Foral, sede de la Diputación de Bizkaia, nos indica el camino hacia la Plaza Moyúa.
 
“Los fosteritos” enmarcan la entrada a esta plaza, centro neurálgico de la Gran Vía. Montaña y ciudad, clásico y moderno, todo en uno. Por la Alameda Recalde nos dirigimos hacia el Puente de la Salve y el nuevo arco rojo que lo remata, que ya nos está indicando la cercanía de uno de los emblemas de la ciudad.
 

El Guggenheim nos espera. Atracado a la orilla de la Ría, todo titanio y cristal. Nos sumergimos en este magnífico museo para terminar un día que nos ha transportado desde la Edad Media a la más fulgurante modernidad.

Bilbao en 2 días

Primer día

Primero nos dirigimos a la Plaza del Funicular situada en el centro de Castaños, detrás del Campo Volantín. Plaza que recibe su nombre del Funicular de Artxanda que es más que un medio de transporte, es parte del corazón de Bilbao y de sus gentes.
Nos subimos a este funicular para ir a las alturas. El mirador de Artxanda se asoma al “botxo” y desde aquí distinguimos lo nuevo y lo viejo; los montes que lo rodean y la Ría que lo surca. Tras pasear y disfrutar de Artxanda tomamos de nuevo el funicular. Atravesamos el barrio de Castaños para encontrarnos con la Ría y el Zubi Zuri en el Campo Volantín.

Cruzamos el puente y ascendemos bajo la mirada de las Torres de Isozaki (Isozaki Atea) para ver el Palacio de Ibaigane, ejemplo de la arquitectura residencial neovasca donde se respira la historia y solera de Bilbao y el Athletic. Seguimos por la Alameda Mazarredo hasta el Puente de la Salve donde nos recibe Puppy a las puertas del Guggenheim. Arte fuera y arte dentro. En el exterior y el interior de este museo, todo nos habla de la imaginación y el buen hacer.

Tras visitar el Museo Guggenheim y disfrutar del arte, nos espera la cocina, otro arte con mayúsculas en esta tierra. En los alrededores encontramos por doquier lugares donde sentarnos a una buena mesa y disfrutar con todos los sentidos.

El Paseo de Abandoibarra nos acompaña para hacer la sobremesa más agradable: arte y Ría y llegamos a la Universidad de Deusto. Nos encontramos edificios de la universidad entre jardines, en el barrio de Deusto, antigua anteiglesia, que también da nombre al puente, Puente de Deusto que espera a los barcos para levantarse y dejarlos pasar. Ribera de Botica Vieja entre paseos y la Ría. Un tigre nos contempla desde las alturas y ya vemos el Puente Euskalduna y la grúa, la «Carola».

Cruzamos el puente para acercarnos al Museo Marítimo. Tras el puente, el Palacio Euskalduna, barco a medio terminar en los astilleros, cargado de música y teatro; lugar de encuentro y comunicación.
Cruzando la Plaza del Sagrado Corazón vemos los Jardines de la Misericordia; que nos hablan de otra época y otra sociedad. Tras ellos la catedral del futbol: San Mamés y sus leones; orgullo de una ciudad. Atravesando Sabino Arana y por las calles Licenciado Poza, Rodríguez Arias o Alameda Urquijo disfrutamos del ambiente de una tarde en Bilbao. Los grandes edificios del Ensanche nos acompañan recordándonos que son el lugar donde creció Bilbao.

Por la Alameda Urquijo nos acercamos a la Azkuna Zentroa. El emblemático edificio renovado por Phillipe Starck guarda un hall iluminado por un sol inmenso que nos invita a pasear entre columnas y a disfrutar de lo más nuevo de Bilbao. Nos esperan tiendas, restaurantes, bares, pubs… La elección de dónde disfrutar del tiempo no es fácil en el centro de la capital.

Segundo día

Nuestro segundo día en la Villa de Don Diego López de Haro comienza a la sombra de la Amatxu, de la Virgen de Begoña. Su templo se encuentra sobre Bilbao, en el barrio de Begoña. Una basílica tardogótica, uno de los referentes de Bilbao y de Bizkaia entera, centro de peregrinación y devociones. Delante de la basílica la calle que lleva el nombre de la Virgen nos conduce, hacia los Campos de Mallona, antiguo cementerio de Bilbao, y al Parque Etxebarria, con su chimenea de ladrillo monumental como recuerdo de lo que allí estuvo: una de las grandes factorías de Bilbao, Echevarria. La siderurgia fue el motor, y olvidarlo es olvidarnos un poco de nosotros mismos.
Por el Parque Etxebarria bajamos a la plaza Quintana para salir al Ayuntamiento.
La calle Sendeja y el Arenal sirven de antesala al Casco Viejo.

Una iglesia, la de San Nicolás, por la calle Fueros nos indica el camino de la Plaza Nueva, perfecto lugar para tomar un tentempié: un txakoli y un pintxo. Salimos de esta plaza reposados y descansados para disfrutar del Casco Viejo, de las Siete Calles, entre bares y tiendas. Visitamos iglesias como los Santos Juanes, San Antón o la Catedral de Santiago; nos paramos en sus estrechas calles para sentir los siglos que nos preceden; buscamos donde comer entre la amplia oferta. No podemos dejar de acercarnos al Mercado de la Ribera, repleto de puestos y productos frescos llegados de la tierra y del mar.

Por la tarde buscamos el Teatro Arriaga y en él nos despedimos del Casco Viejo. Su fachada nos acompaña mientras cruzamos el Puente del Arenal hacia la Estación de Santander, “La Concordia”, y pasamos bajo la monumental fachada de la Sociedad Bilbaina en la calle Navarra, camino de Don Diego López de Haro, que nos espera en la Plaza Circular sobre su pedestal.

Estamos en el Ensanche. Por la calle Berástegui los Jardines de Albia, donde buscamos la iglesia de San Vicente, antigua parroquia de la Anteiglesia de Abando. La Alameda Mazarredo nos conduce a la Gran Vía y a la Alameda Urquijo donde encontramos la Residencia de los Jesuitas, la iglesia del Sagrado Corazón, neogótica y neobizantina, templo levantado por la Compañía de Jesús tras su retorno a Bilbao.
Más adelante Correos, arquitectura fascista, ejemplo de una época; tras este edificio, en la calle Bertendona, un teatro, el Campos Elíseos, art noveau, coqueto y elegante.

Volviendo por Bertendona hacia Gardoqui nos dirigimos hacia la calle Diputación, donde encontramos buenos sitios para descansar. La trasera del Palacio Foral compite en espectacularidad con la moderna Biblioteca Foral. A su cobijo, terrazas de bares que bien nos sirven para reposar y retomar fuerzas.

Por la Gran Vía la Plaza Moyua. Parterres y fuente crean un remanso de tranquilidad entre los edificios que los rodean: Palacio Chavarri, Hotel Carlton, La Aurora, Hacienda Estatal o la Casa Montero; siendo un compendio de los estilos que hicieron del Ensanche bilbaíno un ejemplo de arquitectura en aquel cambio del siglo XIX al siglo XX: eclecticismo francés o neoflamenco, modernismo, racionalismo o arquitectura fascista.

La calle Elcano hacia la Plaza Euskadi nos conduce a un Bilbao que se reinventó a sí mismo. En ella nos espera el Museo de Bellas Artes, inmenso en sus fondos y exquisito en sus formas, donde perderse en sus salas es obligado en Bilbao. Y tras esta jornada, no hay mejor colofón que descansar junto a un lago, en medio de un bosque, en el Parque de Doña Casilda Iturrizar.

Bilbao en 3 días

Primer día

Nos dirigimos a la Plaza del Funicular situada en el centro del castizo barrio de Castaños, justo detrás del Campo Volantín. Esta plaza recibe su nombre del Funicular de Artxanda que es más que un medio de transporte, es parte del corazón de Bilbao y de sus gentes. Nos subimos a este funicular para llegar a las alturas y en el mirador de Artxanda se asoma al “botxo”.

 

Tras pasear y disfrutar de Artxanda tomamos de nuevo el funicular para atravesar el barrio de Castaños y encontrarnos con la Ría y el Zubi Zuri en el Campo Volantín. Cruzamos el puente y ascendemos bajo la mirada de las Torres de Isozaki (Isozaki Atea) para ver el Palacio de Ibaigane, ejemplo de la arquitectura residencial neovasca, donde se respira la historia y solera de Bilbao y el Athletic. Por la Alameda Mazarredo llegamos al Puente de la Salve donde nos recibe Puppy a las puertas del Guggenheim. En el exterior y en el interior de este museo, todo nos habla de la imaginación y el buen hacer.

Tras visitar el Museo Guggenheim y disfrutar del arte, nos espera la cocina, otro arte con mayúsculas en esta tierra. En los alrededores encontramos por doquier lugares donde sentarnos a una buena mesa y disfrutar con todos los sentidos.

El Paseo de Abandoibarra nos acompaña para hacer la sobremesa más agradable: arte y Ría y llegamos a la Universidad de Deusto. Nos encontramos edificios de la universidad entre jardines, en el barrio de Deusto, antigua anteiglesia, que también da nombre al puente, Puente de Deusto que espera a los barcos para levantarse y dejarlos pasar. Ribera de Botica Vieja entre paseos y la Ría. Un tigre nos contempla desde las alturas y ya vemos el Puente Euskalduna y la grúa, la «Carola».
 
Cruzamos el puente para acercarnos al Museo Marítimo. Tras el puente, el Palacio Euskalduna, barco a medio terminar en los astilleros, cargado de música y teatro; lugar de encuentro y comunicación.
 
Cruzando la Plaza del Sagrado Corazón vemos los Jardines de la Misericordia; que nos hablan de otra época y otra sociedad. Tras ellos la catedral del futbol: San Mamés y sus leones; orgullo de una ciudad. Atravesando Sabino Arana y por las calles Licenciado Poza, Rodríguez Arias o Alameda Urquijo disfrutamos del ambiente de una tarde en Bilbao. Los grandes edificios del Ensanche nos acompañan recordándonos que son el lugar donde creció Bilbao.
 

Por la Alameda Urquijo nos acercamos a la Azkuna Zentroa. El emblemático edificio renovado por Phillipe Starck guarda un hall iluminado por un sol inmenso que nos invita a pasear entre columnas y a disfrutar de lo más nuevo de Bilbao. Nos esperan tiendas, restaurantes, bares, pubs… La elección de dónde disfrutar del tiempo no es fácil en el centro de la capital.

Segundo día

Nuestro segundo día en la Villa de Don Diego López de Haro comienza a la sombra de la Amatxu, de la Virgen de Begoña. Su templo se encuentra sobre Bilbao, en el barrio de Begoña. Una basílica tardogótica, uno de los referentes de Bilbao y de Bizkaia, centro de peregrinación y devociones. Desde sus alturas parece proteger el Casco viejo y el Ensanche. Delante de la basílica la calle que lleva el nombre de la Virgen nos conduce hacia los Campos de Mallona, antiguo cementerio de Bilbao y al Parque Etxebarria, con su chimenea de ladrillo monumental como recuerdo de lo que allí estuvo: una de las grandes factorías de la ciudad, Echevarria. La siderurgia fue el motor y olvidarlo es olvidarnos un poco de nosotros mismos. Por el Parque Etxebarria bajamos a la plaza Quintana para salir al Ayuntamiento.
La calle Sendeja y el arenal sirven de antesala al Casco Viejo.

Una iglesia, la de San Nicolás, por la calle Fueros nos indica el camino hacia la Plaza Nueva, un lugar perfecto para tomar un tentempié: un txakoli y un pintxo. Espacio neoclásico donde se mezcla Bilbao. Salimos de esta plaza reposados y descansados para disfrutar del Casco Viejo, de las Siete Calles, entre bares y tiendas. Visitamos iglesias como los Santos Juanes, San Antón o la Catedral de Santiago; nos paramos en sus estrechas calles para sentir los siglos que nos preceden; buscamos donde comer entre la amplia oferta. No podemos dejar de acercarnos al Mercado de la Ribera, repleto de puestos y productos frescos llegados de la tierra y del mar.
Buscamos el Teatro Arriaga para despedimos del Casco Viejo. Su fachada nos acompaña mientras cruzamos el Puente del Arenal hacia la Estación de Santander, “La Concordia”, y pasamos bajo la monumental fachada de la Sociedad Bilbaina en la calle Navarra, camino de Don Diego López de Haro, que nos espera en la Plaza Circular sobre su pedestal.

Estamos en el Ensanche. La Gran Vía lo atraviesa y por ella caminamos entre tiendas y bancos. Un “fosterito» (entrada del metro) parece llamarnos, nos indica el camino de un nuevo Bilbao. Por la calle Berástegui los Jardines de Albia, donde buscamos la iglesia de San Vicente, antigua parroquia de la Anteiglesia de Abando. La Alameda Mazarredo nos conduce a la Gran Vía y a la Alameda Urquijo donde encontramos la Residencia de los Jesuitas, la iglesia del Sagrado Corazón, neogótica y neobizantina, templo levantado por la Compañía de Jesús tras su retorno a Bilbao.

Un poco más adelante Correos, arquitectura fascista, ejemplo de una época; tras este edificio, en la calle Bertendona, un teatro, el Campos Elíseos, art noveau, coqueto y elegante, más de otras latitudes que de Bilbao.
Volviendo por Bertendona hacia Gardoqui nos dirigimos hacia la calle Diputación. La trasera del Palacio Foral compite en espectacularidad con la moderna Biblioteca Foral.

Por la Gran Vía llegamos a la Plaza Moyua. Parterres y fuente crean un remanso de tranquilidad entre los edificios que los rodean: Palacio Chavarri, Hotel Carlton, La Aurora, Hacienda Estatal o la Casa Montero; siendo un compendio de los estilos que hicieron del ensanche bilbaíno un ejemplo de arquitectura en aquel cambio del siglo XIX al siglo XX: eclecticismo francés o neoflamenco, modernismo, racionalismo o arquitectura fascista.

La calle Elcano hacia la Plaza Euskadi nos conduce a un Bilbao que se reinventó a sí mismo. En ella nos espera el Museo de Bellas Artes, inmenso en sus fondos y exquisito en sus formas, donde es obligado perderse en sus salas. Y tras esta jornada no hay mejor colofón que descansar junto a un lago, en medio de un bosque, en el Parque de Doña Casilda Iturrizar.

Elegir un lugar para cenar en Bilbao no es fácil. La ciudad ofrece una amplia variedad de opciones y luego podemos buscars uno de tantos bares en Bilbao para poder disfrutar de una copa o un café acompañados de una buena conversación, ya sea en el propio local o en alguna de las terrazas que se abren en sus calles.

Tercer día

Esta mañana nos dirigimos al mar. El cauce de la Ría nos conduce al Abra donde disfrutar de ambas márgenes. El metro y sus bocas se han convertido en muy poco tiempo en un elemento de orgullo para Bilbao. El arquitecto que lo diseñó, Norman Foster, terminó dando su nombre a estas entradas del suburbano, “los fosteritos”, y por una de ellas bajamos a las entrañas de la ciudad. Este metro nos acerca hasta Portugalete, localidad fundada por la Señora de Bizkaia, Doña María Díaz de Haro “la buena”, la que ratificó la fundación de la Villa de Bilbao.

Sus estrechas calles en cuesta, de Santa María, Víctor Chávarri y Coscojales nos conducen a través de la Basílica de Santa María y la Torre de Salazar, testigos del transcurrir de la Ría, hasta la Plaza del Solar. A ella se asoma la villa y el Ayuntamiento; un poco más adelante la Antigua Estación de Ferrocarril que comunicaba Bilbao y Portugalete, las minas de hierro y el puerto.
El Puente Bizkaia asombra desde su altura. Cuatro torres y una pasarela ancladas a tierra por grandes cables de acero. Ese sueño de Alberto Palacios se hizo hierro para comunicar dos márgenes y dos mundos: la vieja villa, nacida para vigilar y comerciar en el Abra, y el nuevo y rutilante balneario que los Aguirre habían hecho construir en una inmensa playa, en las Arenas.

Subimos a la pasarela y nos detenemos sobre la Ría; disfrutamos de unas vistas únicas desde este puente Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO que no descansa ningún día del año, ni de noche ni de día. Paseando por los muelles a la orilla de la Ría nos acercamos al monumento a Evaristo Churruca. A su vera la pequeña playa que quedó cuando desaparecieron los grandes arenales de las Arenas, y a continuación un muelle, un paseo: el de las Grandes Villas. Grandes mansiones que se asoman al mar, testimonio de una burguesía enriquecida. Los paneles explicativos nos acompañan todo el trayecto hasta la Casa de Náufragos de Arriluze, sobre el mar y de estilo neovasco, sirve de entrada al Puerto deportivo, desde mucho antes de que éste existiera.

La Playa de Ereaga se abre al mar y en su centro se encuentra el hotel Igeretxe, antigua casa de baños, memoria de visitantes de otras latitudes que vinieron a disfrutar de nuestro mar o a sanar de alguna enfermedad en sus aguas.
Al fondo, el Puerto Viejo de Algorta. El puerto mantiene su espíritu pescador y bohemio; las escaleras que nacen sobre los muelles nos llevan hasta Erriberamune y la Etxetxu para poder tener las mejores vistas del Abra, como tantos marinos que esperaban la llegada de los barcos desde esta atalaya.

Frente a nosotros Santurtzi, famosa por su canción y la Villa de Portugalete que ya hemos dejado atrás. En el corazón del Puerto Viejo encontramos bares y restaurantes donde se nos muestra el fruto del trabajo de los pescadores de nuestros puertos y donde comer es disfrutar.

Dejamos atrás el Puerto Viejo para dirigirnos al centro del barrio de Algorta. Cualquier calle de las que ascienden nos lleva a la Plaza de San Nicolás, donde está la iglesia neoclásica del mismo nombre. Continuamos por la avenida Algorta hasta la calle Telletxe para llegar a la boca del metro, allí donde esta calle se transforma en plaza. Volvemos a Bilbao.

Salimos del suburbano en la Estación de Sarriko y ascendemos bajo una bóveda de cristal para salir frente al Conservatorio de Música, otro magnífico ejemplo de arquitectura contemporánea que podemos visitar en Bilbao.

Al otro lado de la Avenida Lehendakari Agirre , se encuentra el Parque de Sarriko, jardines, hoy públicos, de una magnífica villa en un promontorio sobre las huertas de la Ribera de Deusto y los muelles de Olabeaga. Por la Avenida Lehendakari Agirre nos dirigimos a Deusto para desviarnos hacia la Ría por la calle Sagrada Familia y encontrar la iglesia de San Felicísimo, con su moderna e inmensa bóveda de cañón. Caminamos por la Avenida Madariaga hasta la calle Iruña para ver sobre la Ría el Puente Euskalduna, y el palacio del mismo nombre.

Acercándonos a este puente veremos los Jardines de la Ribera de Botica Vieja que bullen de vida. Paseamos bordeando la Ría bajo la atenta mirada del “Tigre”. Seguimos bajo el Puente de Deusto para encontrar la Universidad de Deusto, y frente a ella la pasarela Pedro Arrupe nos invita a cruzar a la otra orilla para volver al centro de Bilbao. Abandoibarra nos acoge al atardecer después de habernos acercado al mar y disfrutado de un pedazo de Bizkaia.

Paseos arquitectónicos

Bilbao es piedra y es agua. La Ría es omnipresente y sus aguas nos narran el viaje desde las montañas donde nacen hasta el mar. La piedra habla de lo que fue y de lo que es, de gentes que vivieron y viajaron, de iglesias y palacios, de una ciudad que no cupo en sí misma y saltó sus límites para construir allí donde no había nada.
Vamos a conocer Bilbao a través de sus edificios: de sus iglesias y palacios. Vamos a seguir los pasos de esta ciudad a lo largo de su historia.

Casco viejo

Bilbao nació en sus «Siete Calles», con una muralla y un puente. El puerto era la razón de la villa que miraba a su plaza y al puente que cruzaba la ría para permitir pasar a los mercaderes que traían las riquezas y las modas de otras tierras.

Biblioteca Municipal
Comenzamos la ruta en Bidebarrieta. Fue la sede del Bilbao más liberal y hoy guardián de la cultura.

Palacio y Casa Mazarredo
La burguesía bilbaína fue dejando poco a poco las Siete Calles para asentarse en estas vías que miraban al Arenal. El barroco llega a Bilbao en el siglo XVII.

Catedral de Santiago
Llegamos a la Plaza de Santiago y en ella todo palidece bajo la portada neogótica de la catedral. En su interior tres naves y girola nos llevan a otras latitudes: gótico normando en tierras vascas. Tres puertas: la principal que da a la plaza, la del pórtico hacia las Siete Calles y la del Ángel como salida del claustro, plateresca y del siglo XVI.

Palacio Yhon
Por la calle de la Torre que sale de la Plaza de Santiago llegamos a este Palacio Yhon, conocido como “la Bolsa”. Se construyó sobre la vieja muralla que aún sostiene este edificio. La fachada ornamentada y barroca mira hacia la calle Santa María.

Palacio Arana
Por la calle de la Pelota vamos hacia la Ribera: plaza vieja y puerto viejo. Pasamos al lado de Barrenkale Barrena, Barrenkale, Carnicería Vieja y en la esquina de Belostikale el Palacio Arana: el más viejo de Bilbao.

Palacio Lezama Leguizamón
Tendería/Dendarikale, Artekale y Somera, la última de las Siete Calles. En su cabecera se encuentra el Palacio Lezama Leguizamón. Levantado en el lugar de la torre gótica de esta familia aún guarda en su portal el escudo de este linaje.

Antiguo Hospital Civil (Instituto Emilio Campuzano)
La Plaza de los Santos Juanes recuerda con su nombre la iglesia que hubo en este espacio. En ese lugar se construye en el siglo XIX este magnífico hospital civil pues las ideas de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País habían llegado a Bilbao.

Escuelas Maestro García Rivero
Frente a la austeridad neoclásica del Antiguo Hospital Civil, Pedro Ispizua levanta estas escuelas neobarrocas, entre neomontañesas y neovascas, armoniosas y dinámicas.

La Encarnación
Seguimos por la calle Atxuri hasta encontrar la Plaza de la Encarnación, con la iglesia del Convento de la Encarnación. En el siglo XVI se levanta este convento dominico en los arrabales de la villa en un estilo arquitectónico que había llegado a un Bilbao que se negaba a dejar de ser gótico.

Estación de Atxuri
Volviendo sobre nuestros pasos finalizamos la visita ante la fachada neovasca diseñada por Manuel María Smith-Ibarra, la de la Estación de Atxuri.

Aledaños del casco viejo

Las «Siete Calles» pronto se quedaron pequeñas y la villa rompió esa muralla que la contenía para expandirse por los alrededores. En el arrabal de Ibeni Bilbao creció teniendo iglesia y muelle. El Arenal fue desecado y sobre esos terrenos ganados a la Ría surgió un Bilbao más luminoso. Había nacido la nueva ciudad, la primera extensión de la villa.

Casa Cuna
Comenzamos nuestra visita en Bilbao la Vieja contemplando desde el Puente de San Antón la iglesia que le da nombre. A nuestra derecha, en la calle Urazurrutia, la Casa Cuna de Ricardo Bastida, concebida como antigua guardería para los hijos e hijas de los jornaleros de Bilbao

Iglesia de los Santos Juanes
Nos dirigimos hacia el Portal de Zamudio y la iglesia de los Santos Juanes.
Vieja y primera iglesia de la Compañía de Jesús en Bilbao, Colegio e Iglesia de San Andrés, hoy parroquia de los Santos Juanes.

Basílica de Begoña
Siguiendo por la calle de la Cruz llegamos a la Plaza Unamuno donde nacen las Calzadas de Mallona. Ascendemos hacia la Basílica de Begoña, por la calle que lleva el nombre de esta virgen. Templo gótico tardío encaramado sobre la villa que es el corazón espiritual de Bizkaia.
Salimos de la basílica para volver sobre nuestros pasos hacia las Calzadas de Mallona y la Plaza Unamuno.

Banco BBVA
Por la calle Askao llegamos hasta la Plazuela de San Nicolás y en ella encontramos un retazo de París, la que fue la sede del Banco de Bilbao. Concebida por un arquitecto francés, Eugène Lavalle es la representante más genuina de las Beaux Arts en Bilbao.

Iglesia de San Nicolás
La plaza toma el nombre de la iglesia a la que nos dirigimos. San Nicolás mira al Arenal con dos torres y una espadaña. Una cúpula remata la iglesia sobre un tambor con óculos que iluminan una rica muestra de la talla e imaginería barroca.

Palacio Gómez de la Torre
Mas que un palacio es una mansión señorial donde el barroco casi deja paso al neoclasicismo.

Kiosko del Arenal
En el centro de los jardines del Arenal se encuentra un kiosco donde toca la banda municipal para poder disfrutar de la buena música mientras se pasea.

Plaza Nueva
Viviendas, oficinas y comercios ocupan junto a Euskaltzaindia, Real Academia de la Lengua Vasca (antigua sede de la Diputación) esta plaza neoclásica,

Palacios Gortázar y Allendesalazar
Salimos de nuevo a la calle Correo para encontrarnos con dos palacios barrocos. Importantes familias de la villa levantaron mansiones en el siglo XVIII para ocupar la planta noble y alquilar las superiores, en una ciudad donde la falta de vivienda era lo habitual.

Teatro Arriaga
Volvemos al Arenal para dirigirnos al Teatro Arriaga, frente a San Nicolás cuya fachada neobarroca curva se alinea con la calle Bidebarrieta.

Ensanche

A finales del XIX, la villa, recogida en el Casco Viejo, tenía que crecer y al otro lado de la Ría estaban las fértiles vegas de Abando esperando para convertirse en el nuevo núcleo de Bilbao. Los arquitectos Alzola, Achúcarro y Hoffmeyer fueron capaces de transformar las ansias de expansión en algo real. La burguesía se asentó en estas nuevas calles, donde levantaron sus casas y sus negocios.

Primer Ensanche
La Plaza Circular con la estatua de D. Diego López de Haro, el Señor de Bizkaia, que fundó Bilbao aquel 15 de junio de 1300, nos da la bienvenida a este recorrido por la ciudad que nace a finales del S. XIX y que nunca ha dejado de renacer y cambiar.

El antiguo Hotel Terminus, actual Oficina de Turismo de Bilbao, nos recibe con su atrio monumental. A su vera, la Estación de Abando o del Norte o Indalecio Prieto, pues con todos estos nombres es conocida esta puerta de entrada a Bilbao desde los años 40. La gran bóveda de hierro con nervios de acero cierra su fronte con una espectacular vidriera donde se retrata Bizkaia.

Delante de la estación, el anterior Banco de Vizcaya, actual BBVA, marca un hito en el Ensanche desde su racionalismo brutalista. Los bancos eligieron este espacio de la Gran Vía para asentarse desde el principio de su desarrollo. Contemplando el Banco de España está Mercurio desde las alturas de su elegante templete en la fachada monumental de la sede del BBVA, histórico Banco de Bilbao que se trasladó aquí desde su lugar de nacimiento en el Casco Viejo. Vidrio y piedra, clasicismo y modernidad se funden para ensalzar esta parte de la Gran Vía.
Pasando entre ambos bancos por la Alameda Mazarredo nos dirigimos a los Jardines de Albia.
Más vieja que el propio Ensanche es la iglesia de San Vicente, antigua parroquia de la Anteiglesia de Abando, construida en gótico tardío vasco en otros tiempos.
La grandeza y riqueza de la época se ve reflejada en la que fue sede de la Naviera de la Sota y Aznar, diseñada por Lindus Forges y rematada por Manuel Mª. Smith-Ibarra, entre Ibañez de Bilbao y la Alameda Mazarredo. Junto a ella “La Equitativa” de Manuel Galindez, edificio de singular equilibrio, en el que se combina la elegancia de los detalles con una perfecta articulación de los espacios.

Cruzamos la Gran Vía para continuar por la Alameda Urkijo y pasar bajo las torres desmochadas de la residencia de los Jesuitas. Ladrillo y piedra evocan un lejano medievo tanto en lo temporal como en lo espacial.

Los años 20 y su racionalismo nos esperan un poco más adelante, en la sede de Correos. Una portada neobarroca resalta esta fachada austera diseñada por Secundino Zuazo y protegida por un gran alero neobarroco montañés. Como escondido tras este imponente edificio, se encuentra el Teatro Campos Elíseos, una joya modernista en el ecléctico corazón bilbaíno.

Tramo central del Ensanche
Por la Alameda Urkijo se ven las cúpulas de la Alhóndiga donde el Bilbao más clásico y más moderno se abrazan y se hacen uno. Unos modernos jardines nos indican la entrada de este singular edificio en el cual se han sabido combinar las monumentales fachadas neobarrocas y modernistas de Ricardo Bastida con la rotunda modernidad de Philippe Starck.
Saliendo por la entrada principal nos dirigimos por la Alameda Rekalde hacia la Plaza Moyúa. En esta calle encontramos la sede de Osakidetza, obra de Coll-Barreu. Un edificio de cien caras en cristal que refleja su entorno en un espejo de mil matices.

La Plaza Moyúa es ordenada y seria. El Palacio Chávarri, neoflamenco con pináculos de pizarra y ventanas imposibles, nos habla de una burguesía enriquecida por el hierro y que mira a Europa, de donde llegaron los planos de este edificio diseñado por Paul Hankar.
Bilbao se mira en Europa y el Hotel Carlton es otro ejemplo de este europeísmo histórico; Manuel Mª. Smith-Ibarra se inspira en los grandes hoteles de la Costa Azul francesa para diseñar el más histórico de los alojamientos bilbaínos.

La modernidad también está presente en esta plaza. Norman Foster diseña el metro y sus bocas, “los fosteritos”, invitan al viajero a sumergirse en las profundidades de la ciudad, pero sin dejar atrás ni la luz, ni sus calles.

Por la Gran Vía nos dirigimos al Palacio de la Diputación; símbolo y resultado de una época y un cambio de siglo. Con reminiscencias griegas y renacentistas su fachada marca la Gran Vía de Bilbao.

Tras el Palacio Foral se encuentra la Biblioteca Foral donde se combina más que acertadamente el edificio clásico con el moderno, en un entorno peatonalizado y amable.

Volvemos a la Plaza Moyúa y en la Alameda Rekalde nos espera la Casa Montero, otro reseñable ejemplo del escaso modernismo bilbaíno; obra de Aladrén y Darroguy es conocida en Bilbao como “la Casa Gaudí”.
Continuando por Colón de Larreategui llegamos a la iglesia de San José, en la plaza homónima, marcada por la rotunda presencia de su aguja y su portada neomedievalista. Jose Maria Basterra resuelve la fachada de la iglesia en un solar en esquina mirando a la plaza.

Por Iparragirre volvemos a la Gran Vía para encontrarnos con la monumentalidad del Palacio Sota, diseñado por Manuel Mª Smith-Ibarra en estilo regionalista con una gran influencia del neomontañes y neovasco.

Excelente ejemplo de casa de vecindad burguesa de lujo donde se combinan ventanas, balcones y logias con torres y pináculos; todo ello bajo un gran alero neobarroco propio de estas tierras.

Continuando por la Gran Vía nos encontramos con la Casa Lezama Leguizamón, otro claro ejemplo de las lujosas viviendas burguesas de una época. El Parque de Doña Casilda Iturrizar es el gran pulmón de Bilbao. Lugar de paseo y cultura acoge en su seno el Museo de Bellas Artes construido en distintos periodos como se aparecia en sus distintos estilos arquitectónicos.

La Torre Iberdrola es la gran proa del nuevo Bilbao que rompe las olas de cristal y acero para acercarse a la Plaza Euskadi y al centro de la villa. César Pelli diseña un edificio elegante en su simplicidad que marca el skyline bilbaíno, vizcaíno y vasco, a la orilla de la Ría y sobre el antiguo puerto de la ciudad.

A su sombra y no lejos del mismo, el Paraninfo de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea del portugués Álvaro Siza y la Biblioteca de la Universidad de Deusto de Rafael Moneo, que como un contenedor de pavés se ilumina para difundir la sabiduría que guarda en su interior.

Tras la Biblioteca, el Museo Guggenheim Bilbao de Frank O. Gehry, acogiendo al visitante en su inmensidad de luz y arte.

Un Paseo de Abandoibarra plagado de hitos arquitectónicos nos habla de una ciudad renacida de dentro de si misma, una villa que mira al futuro con optimismo sin olvidar su pasado. Tras el Museo Guggenheim Bilbao vemos Isozaki Atea, dos rascacielos diseñados por Arata Isozaki que sirven de unión entre el Ensanche y el nuevo Bilbao, entre la ciudad clásica y la moderna.

Volviendo sobre nuestros pasos encontramos el Paseo de la Memoria con sus farolas como barcos. Dejamos la Torre Iberdrola y pasamos bajo el Puente de Deusto camino del Palacio Euskalduna Jauregia que como un gran barco de Federico Soriano y Dolores Palacios parece esperar ser terminado, sin llegar  serlo nunca.

Bordeando este palacio de arte y cultura llegamos a la Plaza del Sagrado Corazón y a la Gran Vía. Una estatua del Sagrado Corazón de Jesús marca el límite de un Ensanche que nace en otra plaza tiempo atrás.

Los jardines de la Misericordia nos dejan vislumbrar la fachada neobarroca de este edificio histórico, rematado con cúpulas de pizarra y una espadaña que marca el paso del tiempo.

Tras ella San Mames Barria, la nueva “catedral” diseñada por César Azkarate, sito a la vera del campo histórico, para no perder la tradición y adaptarse a los nuevos tiempos y nuevas necesidades.
Bilbao ofrece al visitante mucho más de lo que podemos pensar. Es una ciudad donde conviven lo clásico y lo moderno, para hacer de este pequeño rincón del mundo algo único e inolvidable. Una experiencia que merece la pena ser vivida.

Arquitectura en la ría

Bilbao es su Ría desde el barrio de Peña donde se situaba la antigua isla de San Cristóbal hasta el Abra, hasta el mar. La vida ha transcurrido a orillas de esta Ría y le debe todo a este estuario y en torno a él ha crecido.

Mercado de la Ribera
Sus vidrieras y decoración modernista esconden un edificio racionalista y funcional.

Iglesia de San Antón
Puente e iglesia comparten titular: San Antón. El primer puente estuvo entre el templo y el mercado, pero hoy parece esconderse detrás de la iglesia. En esta iglesia podemos observar importantes restos arqueológicos, por ejemplo, de la muralla medieval de Bilbao.

Antigua Iglesia de La Merced (Bilborok)
Por el muelle de Marzana llegamos hasta la antigua iglesia de la Merced, desacralizada y transformada en la Sala de Rock Bilborock. Construida entre los siglos XVII y XVIII sigue el estilo característico de tantas iglesias conventuales

Rascacielos de Bailén
Nos acercamos al primer rascacielos de Bilbao diseñado por Manuel Galindez en dos volúmenes distintos.

Estación de Santander, «La Concordia»
La modernista Estación de Santander, “la Concordia”, que hace palidecer todo a su alrededor.

Sociedad Bilbaina
La sede de la gran burguesía bilbaína de principios del siglo XX remata la manzana entre la calle Bailén y la calle Navarra. La Sociedad Bilbaína indicaba e indica la puerta del Ensanche tras cruzar el Puente del Arenal. El edificio se articula en torno a una gran escalera monumental de caracol donde las columnas de mármol parecen sujetar la vidriera que la ilumina desde las alturas.

Aviación y Comercio
Nos dirigimos hacia el del Ayuntamiento. Rematando la manzana y mirando su fachada hacia la Plaza Venezuela, sobre la Ría y el Puente del Ayuntamiento, se encuentra el edificio de Aviación y Comercio diseñado por Pedro Ispizua y Fernando Arzadi. Tras el eclecticismo, el racionalismo triunfó en Bilbao y éste es un claro ejemplo de este estilo arquitectónico

Naviera Aznar
Frente al edificio de Aviación y Comercio se encuentra la Naviera Aznar de Manuel Galindez con fachada también a la Plaza Venezuela y a la Ría.

Ayuntamiento (Casa de la Villa)
El edificio de notable influencia francesa destaca por su rotunda horizontalidad rota por tres crujías adelantadas, sobresaliendo en la central la gran balconada. Grandes estatuas alegóricas y bustos decoran su fachada y una torre campanario remata el edificio.

Isozaki Atea
Por el Campo Volantín, vemos a lo lejos el Zubi Zuri y hacia él dirigimos nuestros pasos. Frente al puente, está Isozaki Atea de Arata Isozaki. Dos torres gemelas se abren para dejar espacio a una escalera que comunica el Ensanche con la Ría, con el nuevo Bilbao. A sus pies, los restos del Depósito Franco de Uribitarte anclan estas torres monumentales de cristal a la historia de Bilbao.

Palacio Olabarri
Continuamos por el Campo Volantín para encontrarnos con el Palacio Olabarri, diseñado por Julián Zubizarreta. El eclecticismo neobarroco despliega toda su fastuosidad decorativa en este palacete.

Museo Guggenheim Bilbao
Seguimos caminando por la Avenida de las Universidades, inmejorable belvedere para admirar y contemplar la obra maestra de Frank Gehry, uno de los más conocidos exponentes de la arquitectura contemporánea: el Museo Guggenheim Bilbao. Un edificio que ha abierto aún más la ciudad al mundo y que ha atraído a visitantes de todos los rincones. El arte no cabe en su interior y también se instala en sus aledaños para admirar el museo y ser admirado a su vez.

Universidad de Deusto
En la misma Avenida de las Universidades encontramos la Universidad de Deusto de Francisco de Cubas, que recala en Bilbao tras una fructífera carrera en Madrid. La grandeza del edificio queda subrayada por el eclecticismo clasicista de su fachada.

Biblioteca de la Universidad de Deusto
Cruzamos la Ría por el Puente Pedro Arrupe que nace en la propia universidad para encontrarnos en Abandoibarra, frente a la Biblioteca de la Universidad de Deusto, diseñada por Rafael Moneo. Este edificio exento y monolítico se integra perfectamente en el entorno de jardines.

Paraninfo de la Universidad del País Vasco
Frente a la Biblioteca de la Universidad de Deusto se encuentra el Paraninfo de la Universidad del País Vasco, obra de Álvaro Siza.

Torre Iberdrola
Todo este entorno se encuentra bajo la omnipresente silueta de la Torre Iberdrola de César Pelli. La simplicidad de sus formas eleva esta torre hasta alturas nunca alcanzadas en Euskadi. Un triángulo con lados curvos sirve de base, reduciéndose en tamaño según nos vamos elevando en altura hasta alcanzar las 41 plantas con las que cuenta. En sus muros de cristal se refleja todo Bilbao.

Palacio Euskalduna
Continuamos ruta bajo el Puente de Deusto por el Paseo de la Memoria hacia el Palacio Euskalduna, levantado sobre los antiguos astilleros que le dan nombre. Los arquitectos, Federico Soriano y Dolores Palacios, diseñaron un barco sin finalizar de construir en estos astilleros; un barco que como sede de la temporada de ópera no podía ser otro que “El Buque Fantasma”.

La huella del modernismo

El término Modernismo recibió distintas denominaciones y tuvo características y variantes propias según su localización geográfica, destacando principalmente el Art Nouveau en Francia y Bélgica, la Sezession en Viena y el Modernismo en Barcelona. Estas tres variantes quedaron recogidas en el Modernismo desarrollado en la arquitectura de Bilbao, que fue del gusto de una amplia burguesía. Muchas de estas edificaciones han desaparecido, pero aún podemos rastrear ‘la huella del Modernismo’ en las que han llegado hasta nuestros días como el Teatro Campos Elíseos, Azkuna Zentroa (Alhóndiga), el Antiguo Lavadero en Alameda San Mamés 25 o Castaños 11, y las viviendas en Elcano o de la Casa Montero en Alameda Rekalde 34, donde se observa una mayor libertad formal y decorativa tanto en las fachadas como en la distribución de las plantas, la combinación de distintos materiales así como en la ornamentación y el cromatismo.

A finales del siglo XIX Bilbao se encontró en un momento de transformación y enriquecimiento gracias al desarrollo industrial propiciado por los yacimientos de hierro existentes en el territorio. Empresas siderúrgicas y navieras, astilleros, compañías de seguros y entidades financieras fueron apareciendo y creciendo en este clima económico favorable y la ciudad tuvo su gran expansión urbana gracias al proyecto del Ensanche aprobado en 1876. El desarrollo alcanzado por la construcción y las artes industriales, la calidad de la mano de obra y el nivel de los técnicos que trabajaban en Bilbao, al principio del siglo XX, propiciaron la aparición del modernismo. Los concursos de fachadas convocados por el ayuntamiento en 1902 y 1906 para mejorar el nivel artístico de las nuevas edificaciones también contribuyeron el surgimiento de este nuevo estilo. Al concurso de 1906 se presentó el proyecto de la casa para Pedro Montero, uno de los pocos ejemplos del modernismo aplicado al uso residencial que ha llegado hasta nuestros días. Se le ha conocido casi siempre como la ‘casa Gaudí’, un edificio de viviendas en clave modernista.

En otro edificio de viviendas, el de la calle Elcano, de los arquitectos Leonardo Rucabado y Ángel Líbano, también resuenan los ecos del modernismo con recuerdos de los elementos decorativos de la Sezession vienesa. Atendiendo a las distintas corrientes que tuvieron incidencia en Bilbao el modernismo catalán fue minoritario destacando equipamientos públicos de carácter higiénico-sanitario como el Lavadero de San Mamés 25, o el Lavadero de Castaños 11, proyectos del arquitecto municipal Ricardo Bastida, autor también de la casa cuna y del antiguo almacén de vinos de la Alhóndiga, que ocupa una gran manzana del Ensanche. Estamos aquí ante lo que era un interesantísimo y extraño ejemplo de alhóndiga dentro de Europa. Desde 2015 se llama Azkuna Zentroa. En Bertendona 3 está el Teatro Campos Elíseos, de 1902, y obra de Alfredo Acebal con fachada del decorador francés Jean Baptiste Darroquy. Es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista en Bilbao.

Ruta de los museos

Los museos de la Villa de Bilbao son joyas que abarcan desde lo local a lo más internacional; desde la más remota antigüedad del ser humano hasta la más fulgurante modernidad.
La más antigua de las culturas europeas acoge en su seno el símbolo de la Era Contemporánea: el Museo Guggenheim Bilbao; sin olvidar ni dar la espalda a esos orígenes que se remontan a los tiempos en que los hombres comenzaban a hollar nuestros bosques y montañas. Una historia de cambios que refleja la necesidad de un pueblo por mirar más allá de sus montañas, y buscar en otras tierras ideas para hacer de su pequeño país algo grande donde vivir, y hacer de este vivir un arte.

Museos del casco viejo

El Casco Viejo de Bilbao no es sólo un gran centro de vida al aire libre. Entre sus antiguos edificios y plazas hay remansos de cultura y sabiduría. Cuatro museos, que son grandes, se esconden entre las «Siete Calles»: desde el más pequeño de todos ellos, el de Pasos de Semana Santa, al más antiguo, el Euskal Museoa-Museo Vasco, al más nuevo, Arkeologi Museoa, o al Eleiz Museoa-Museo Diocesano de Arte Sacro, en la plazuela de la Encarnación.

Museo de Pasos de Semana Santa.
Ocupando el edificio de la antigua alhóndiga, hoy encontramos el Museo de los Pasos de Semana Santa. La Hermandad de Cofradías Penitenciales de la Villa de Bilbao reúne en este espacio un patrimonio desconocido, incluso, para muchos habitantes de Bilbao. Pasos e imágenes que son patrimonio de un sentir y un vivir la religión que hunde sus profundas raíces en la desaparecida iglesia de los Santos Juanes, situada en la actual plaza del mismo nombre, y donde nace en 1553 la decana de las cofradías de la villa, la Cofradía de la Santa Vera Cruz.

Las demás cofradías, hasta nueve, nacen con el paso del tiempo, pero todas ellas guardan un rico patrimonio escultórico que podemos admirar en este museo. También encontramos personajes propios del folklore bilbaíno, como Anatxu o Frakagorri, se mezclan con las escenas de Semana Santa para hacer a estos pasos un poco más bilbaínos aún si cabe.

Arkeologi Museoa – Museo Arqueológico de Bizkaia
En la cercana Plaza Miguel de Unamuno encontramos dos importantes museos frente a frente: el histórico Euskal Museoa-Museo Vasco y el nuevo Arkeologi Museoa-Museo Arqueológico de Bizkaia, que recoge en sus salas el testigo del buen trabajo realizado por su vecino de enfrente, desde su fundación, en el ámbito arqueológico.

El Arkeologi Museoa ocupa el edificio de la antigua Estación de Lezama. Hoy el edificio completamente renovado y acondicionado para su función museística nos muestra los restos arqueológicos encontrados en Bizkaia desde que el hombre llegó a estas tierras.
La muestra comienza en el Paleolítico con los primeros habitantes de este territorio: los Neandertal y la posterior llegada del Homo Sapiens. Luego el Neolítico nos muestra el inicio de la producción: de la agricultura y de la ganadería. La Edad del Hierro en Bizkaia supuso un paso de gigante cultural. En los castros se desarrolla una técnica metalúrgica muy avanzada que permite un desarrollo desconocido hasta esos momentos de la sociedad vizcaína de aquel periodo. La influencia romana también llega hasta nuestro territorio. Esta cultura supone la llegada de nuevas creencias y técnicas que cambiaron definitivamente Bizkaia acercándola al resto de Europa. Cuando comienza la Edad Media, se van generalizando las manifestaciones artísticas llegadas de otras latitudes: el románico y posteriormente el gótico. Con el paso del tiempo la vida urbana irrumpe en Bizkaia y, la artesanía y el comercio, se convierten en formas de vida intrínsecas a este territorio.
Llegamos a la Edad Moderna y Bizkaia se renueva, afincada en las tradiciones pasadas y mirando siempre el futuro.

Euskal Museoa – Museo Vasco
El Euskal Museoa-Museo Vasco es el decano de los museos del Casco Viejo. Ocupa el edificio construido por la Compañía de Jesús para albergar el Colegio de San Andrés, adosado a la iglesia del mismo nombre, actualmente de los Santos Juanes. A principios del siglo XX, en 1914, el Ayuntamiento de Bilbao cede el claustro de este edificio para que se instale el embrión del actual Euskal Museoa: el “Museo Arqueológico de Bizkaia y Etnográfico Vasco”. En el encontramos el “Ídolo de Mikeldi”: una enigmática escultura animal que aprisiona un disco entre sus patas y vientre. Todavía hoy en día su función es un misterio y contemplando esta escultura hallada en Durango la imaginación nos traslada a tiempos pretéritos.

El museo recoge el legado etnográfico y cultural del pueblo vasco, fundamentando en las actividades tradicionales de una cultura milenaria apegada a su tierra y a su mar.

La primera planta nos muestra el trabajo del lino, labor tradicional de las emakumes, mujeres, en los caseríos dispersos por las montañas de Bizkaia.

La cerámica tradicional se expone en su segunda planta, donde encontramos magníficas colecciones de loza y porcelanas vascas. También podemos contemplar la maqueta de una ferrería y las herramientas que se usaban en aquella actividad fundamental para la economía vizcaína.

En la tercera y última planta nos encontramos con el Consulado de Bilbao. La gran maqueta de Bizkaia permite conocer este territorio y situar desde las montañas al mar, tanto los distintos accidentes geográficos como las villas, anteiglesias o ciudad que jalonan su geografía.

Eleiz Museoa – Museo Diocesano de Arte Sacro
En el Convento de la Encarnación encontramos el Eleiz Museoa-Museo Diocesano de Arte Sacro. Un claustro bajo arcadas de medio punto, con un estanque en su centro invita al sosiego y al recogimiento. Un espacio desconocido para muchos de los habitantes de Bilbao en uno de los edificios históricos más antiguos de la ciudad. En sus salas nos encontramos obras de muchos artistas vizcaínos que trabajaron para forjar magníficas creaciones religiosas durante los últimos ocho siglos, para servir a las creencias de una sociedad y un pueblo.

La primera planta acoge una excelente colección de platería tanto de factura local como venida de América.

La segunda planta acoge parte del alma de Bizkaia: las Andra Maris. Imágenes que están más cerca de la tierra que del cielo, reinas y madres, centro de la devoción de un pueblo. La escultura y la pintura reflejan la evolución y los cambios en los gustos y los modos que en Bizkaia, como en el mundo, se ven reflejados en el arte sacro.

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